Es, para mí, un honor presidir la Acadèmia Catalana de Gastronomia i Nutrició, una entidad que trabaja en nuestro país para salvaguardar y enriquecer el conocimiento de todo aquello que tiene que ver con los productos alimentarios, la cocina y la cultura de la mesa: la elaboración y la composición de los platos, así como el disfrute —consciente y saludable— de la comida y la bebida.
Una Academia es, además, desde hace más de dos mil años, un centro de conocimiento y excelencia en una materia cultural o científica concreta. Es, por tanto, además de una estructura cultural de Estado, una institución con una clara función social: trabajar por una mejor alimentación, por los buenos hábitos y por la salud.
Esa función social nos obliga a alejarnos de cualquier elitismo. El conocimiento, si no se comparte, pierde sentido.
Por eso, gastronomía no significa comidas necesariamente caras, ni banquetes pantagruélicos ni, mucho menos, ingestas hipercalóricas y/o insanas.
La Acadèmia Catalana de Gastronomia i Nutrició tiene como función principal la preservación de nuestro patrimonio culinario; el cuidado y ordenación de su evolución presente y futura; la difusión del conocimiento de los alimentos autóctonos; su preparación y aprovechamiento y la adquisición de hábitos alimentarios saludables que nos alejen de los ultraprocesados y de combinaciones alimentarias desequilibradas e ineficientes desde el punto de vista nutricional y dietético. En resumen: enseñar y fomentar el reto —perfectamente asumible— de comer sano y bien.
No puede ser que nuestra sociedad ignore estos conocimientos básicos, que piense que comer bien es caro o propio de privilegiados y que permanezca, casi sin darse cuenta, instalada en una epidemia latente cuyos síntomas se evidencian cada día más: el sobrepeso y sus riesgos médicos asociados (hipertensión, diabetes, colesterol…), que nos conducen inexorablemente a enfermedades cardiovasculares (infartos, ictus…) y también neurodegenerativas (Alzheimer y otras demencias).
No debemos confundir enfermedad con dejadez, pero sí asumir una realidad: comer bien no es caro, no es difícil y no requiere mucho tiempo. En veinte minutos se puede preparar una comida que cumpla todos estos requisitos y a un precio muy reducido.
Por otra parte, la Academia no puede abandonar su vertiente cultural y debe aplicar recursos y esfuerzos en favor de la investigación y difusión de publicaciones rigurosas que pongan al alcance de los ciudadanos herramientas para mejorar su formación alimentaria, culinaria y nutricional.
Para todo ello, y mucho más, la Acadèmia Catalana de Gastronomia i Nutrició trabaja en Cataluña en favor y beneficio de nuestra sociedad.
Disfrutamos del privilegio de disponer de una alimentación basada en productos de temporada, de proximidad, de excelente calidad, a un precio más que razonable y con poco tiempo de preparación.
Solo necesitamos saber comprar productos de temporada, tener un poco de imaginación y dedicarle un poco —no demasiado— de tiempo.
Nuestra salud y la de nuestros hijos nos lo agradecerán.
La Acadèmia Catalana de Gastronomia i Nutrició quiere acompañarles en este camino.
Bienvenidos a bordo.
Joan Font i Torrent
Presidente de la ACGN
